Cada vez que digo que he viajado sola a Kuwait, la cara de la gente es un poema. Si añado Omán, Dubái, Abu Dabi, Azerbaiyán y Marruecos, ya directamente me miran como si les estuviera contando que volví de Marte.
“¿Pero tú sola? ¿Ahí? ¿Y no te pasó nada?”
Llevo más de 85 países en la mochila. He dormido en aeropuertos, he comido cosas que ni sé lo que eran, me he perdido en ciudades donde no entendía ni los carteles. Y sin embargo, los países que más preguntas generan son siempre los mismos: los musulmanes.
Así que hoy quiero contarte la verdad. Sin edulcorar, pero también sin alarmismos. Lo que viví, lo que sentí y lo que aprendí viajando sola como mujer a países de mayoría musulmana.
Spoiler: no es lo que esperaba. Es mucho mejor.
Lo primero: no todos los países musulmanes son iguales
Esto es fundamental y quiero dejarlo claro antes de seguir: meter en el mismo saco a Marruecos, Kuwait, Omán, Dubái, Abu Dabi y Azerbaiyán es como comparar España con Finlandia porque ambos están en Europa.
Cada uno tiene su cultura, su nivel de apertura, su forma de entender la hospitalidad y sus propias reglas. Lo que viví en Omán no se parece en nada a lo que viví en Marruecos. Y Azerbaiyán, siendo un país de mayoría musulmana, tiene una cultura completamente distinta a los dos anteriores.
Generalizar es lo más peligroso que puedes hacer antes de viajar. Yo caí en esa trampa antes de ir. Después de ir, me di cuenta de lo absurdo que era.
Omán: donde la hospitalidad te deja sin palabras
Si me preguntas cuál de estos países me robó el corazón, te diría que Omán.
Llegué a Mascate sin saber muy bien qué esperar. Sabía que era un país seguro (lleva años entre los 10 más seguros del mundo según el Global Peace Index), pero una cosa es leerlo y otra es sentirlo.
Lo que me encontré fue una amabilidad que me dejó sin palabras. Paseando por la ciudad, un señor mayor paró su coche para preguntarme si necesitaba ayuda porque me vio caminando sola por la carretera. No para molestarme. Para asegurarse de que estaba bien.
Conduje sola por las carreteras del interior, dormí en el desierto de Wahiba Sands, me bañé en wadis de agua turquesa completamente sola. En ningún momento sentí inseguridad. Ni una sola vez.
Omán es ese secreto que los viajeros que van no quieren compartir para que no se masifique. Pero yo creo que hay que contarlo. Especialmente a las mujeres que dudan en ir.
Consejos prácticos para Omán
- Vestimenta: Cubre hombros y rodillas. No hace falta cubrirse la cabeza salvo en mezquitas. Es cuestión de respeto, como cuando te tapas los hombros en una catedral en España.
- Transporte: Alquilar coche es la mejor opción. Las carreteras son excelentes. Para Mascate, Otaxi, el uber de allí, va genial.
- Seguridad: Altísima. Puedes caminar sola de noche sin problema.
- Idioma: El inglés funciona muy bien en las ciudades. En zonas rurales, el traductor del móvil hace milagros.
Kuwait: “Eres invitada de mi país”
Kuwait fue una sorpresa absoluta. Casi nadie viaja a Kuwait por turismo. Y cuando digo que fui, la gente me pregunta “¿pero qué hay allí?”.
Hay humanidad. Eso es lo que hay.
La anécdota que más cuento es la de un taxista que me llevó del aeropuerto al hotel y, al llegar, se negó a cobrarme. “Eres invitada de mi país”, me dijo. Así, sin más. Sin esperar nada a cambio.
Kuwait no es un destino de postal. No tiene las playas de Tailandia ni los templos de Japón. Pero tiene una cosa que muchos destinos “de moda” han perdido: la curiosidad genuina por el otro. La gente quería saber de dónde era, qué hacía allí, si me estaba gustando. No con morbo. Con orgullo. Querían que me fuera contenta.
Y me fui contentísima.
Consejos prácticos para Kuwait
- Vestimenta: Más conservador que Omán. Recomiendo pantalón largo y mangas al codo como mínimo. En centros comerciales y zonas modernas hay más flexibilidad.
- Calor: Si vas en verano, prepárate para temperaturas extremas (+45°C). La mejor época es de noviembre a marzo.
- Transporte: Uber funciona perfectamente.
- Alcohol: No hay. Kuwait es un país seco. Si eso es un problema para ti, tenlo en cuenta.
Azerbaiyán: la encrucijada entre Europa y Asia
Azerbaiyán es un país que no sabe muy bien dónde colocarse en el mapa mental de la gente. ¿Es Europa? ¿Es Asia? ¿Es Oriente Medio? La respuesta es que es un poco de todo, y eso es precisamente lo que lo hace fascinante.
Bakú, la capital, me voló la cabeza. La Ciudad Vieja (Icherisheher) es Patrimonio de la Humanidad y pasear por ella es como viajar en el tiempo. Pero sales de allí y te encuentras con rascacielos futuristas, centros comerciales y una modernidad que no esperaba.
Azerbaiyán es un país de mayoría musulmana, pero muy secular. La influencia soviética dejó una huella enorme. Verás mujeres sin velo por todas partes, bares, vida nocturna. Si alguien tiene la imagen de un país musulmán “estricto”, Azerbaiyán la rompe por completo.
Lo que más me gustó fue la mezcla. Desayunar en una casa de té centenaria y cenar en un restaurante de autor con vistas al Caspio. El contraste es constante.
Consejos prácticos para Azerbaiyán
- Vestimenta: Cubre hombros y rodillas. No hace falta cubrirse la cabeza salvo en mezquitas. En zonas rurales, un poco más de discreción, pero nada estricto.
- Visado: Se tramita online (ASAN Visa), es rápido y barato.
- Transporte: Metro en Bakú, autobuses entre ciudades. Todo muy asequible.
- Idioma: El azerí es la lengua oficial. El ruso se habla mucho. El inglés, menos fuera de Bakú. Traductor del móvil imprescindible.
Dubái: la puerta de entrada que rompe todos los esquemas
Si hay un destino que está consiguiendo que la gente se replantee sus prejuicios sobre los países musulmanes, ese es Dubái. Y lo entiendo: es difícil mantener el estereotipo cuando estás en un rascacielos de 828 metros rodeada de gente de 200 nacionalidades diferentes.
Dubái fue uno de los primeros países árabes a los que viajé sola, y reconozco que me sirvió como “primer paso”. Si te da respeto lanzarte directamente a Kuwait o a Omán, Dubái es la transición perfecta. Es Oriente Medio, sí. Es un país musulmán, sí. Pero es también una de las ciudades más cosmopolitas del planeta.
¿Me sentí incómoda en algún momento? Ni uno solo. Dubái está diseñada para el visitante. El transporte público es impecable, la seguridad es de las más altas del mundo, y como mujer sola te mueves con una libertad total.
Pero Dubái no es solo centros comerciales y rascacielos (aunque eso también mola). Lo que más me gustó fue descubrir el Dubái que no sale en Instagram: pasear por el barrio de Al Fahidi, cruzar el Creek en un abra (las barcas tradicionales de madera), regatear en el zoco de especias, cenar en restaurantes locales emiratíes donde era la única turista.
Ahí, en esos rincones, es donde descubrí que Dubái también tiene alma. Y que detrás de toda esa modernidad hay una cultura de hospitalidad árabe tan auténtica como la de Omán o Kuwait.
Consejos prácticos para Dubái
- Vestimenta: Libertad casi total en zonas turísticas, hoteles y centros comerciales. En el metro, mezquitas y zonas más tradicionales, cubre hombros y rodillas.
- Transporte: El metro es moderno, barato y tiene vagones exclusivos para mujeres. Uber y taxis funcionan perfecto.
- Presupuesto: Dubái puede ser caro, pero también se puede hacer barato. Los restaurantes locales (no los de hotel) son muy asequibles. El street food en Deira es espectacular y por pocos euros.
- Mejor época: De noviembre a marzo. En verano el calor es insoportable (+45°C), aunque los precios bajan muchísimo.
- Visado: Los españoles no necesitan visado previo. Te lo sellan gratis en el aeropuerto (30 días).
Abu Dabi: la joya cultural que nadie espera
Si Dubái es el escaparate, Abu Dabi es el contenido. Y lo digo con todo el respeto por ambas ciudades, porque las dos me encantaron, pero de formas muy distintas.
Abu Dabi me sorprendió porque esperaba una versión más pequeña de Dubái y me encontré algo completamente diferente. Más pausada, más cultural, más profunda. Menos “mira lo que tengo” y más “déjame enseñarte quién soy”.
La Gran Mezquita Sheikh Zayed es, probablemente, el edificio más impresionante que he visto en mi vida. No es solo el tamaño (que es descomunal), es la delicadeza. Los mosaicos, las lámparas de cristal de Swarovski, los mármoles, la luz. Me quedé sentada en el patio durante una hora, simplemente mirando. Como mujer, te prestan una abaya (la túnica negra) a la entrada de forma gratuita. Lejos de sentirme incómoda, me pareció un gesto bonito: “bienvenida a nuestro espacio sagrado”.
El Louvre Abu Dabi es otra maravilla. Un museo diseñado por Jean Nouvel donde la lluvia de luz que se filtra por la cúpula es una obra de arte en sí misma. Ver obras de todo el mundo reunidas en un museo en Oriente Medio, bajo un concepto de “museo universal”, me pareció un mensaje precioso.
Pero lo que más me gustó de Abu Dabi fue el ritmo. Pasear por la Corniche al atardecer, tomar un café árabe con dátiles en un café local, ver la puesta de sol desde la playa de Saadiyat. Todo sin prisas. Todo sin la intensidad de Dubái.
Consejos prácticos para Abu Dabi
- Vestimenta: Similar a Dubái. Libertad en zonas turísticas, discreción en mezquitas y zonas más tradicionales. En la Gran Mezquita te prestan abaya y pañuelo gratis.
- Transporte: Taxis y Uber son la forma más cómoda. Hay autobuses públicos pero son menos prácticos que en Dubái.
- Combinación con Dubái: Están a solo 1h30 en coche. Puedes hacer ambas en el mismo viaje fácilmente. Hay autobuses directos entre las dos ciudades por menos de 10€.
- Presupuesto: Ligeramente más barata que Dubái en alojamiento y restauración.
- Isla de Yas: Si te gustan las emociones fuertes, Ferrari World y Yas Waterworld son planes perfectos para un día.
- Cultura: Abu Dabi invierte mucho en cultura. Además del Louvre, están construyendo el Guggenheim Abu Dabi y el Zayed National Museum. La isla de Saadiyat será un distrito cultural único en el mundo.
Marruecos: el más conocido y el más polarizante
De los seis destinos, Marruecos es el que más opiniones encontradas genera. Y lo entiendo. Es el más cercano a España, el que más gente ha visitado, y también el que más experiencias negativas acumula en foros y redes sociales.
Voy a ser honesta: Marruecos requiere más preparación mental que los otros cinco. No porque sea peligroso, sino porque es más intenso. Los zocos, los vendedores, el regateo constante, la atención que atraes como mujer sola… todo es más “in your face”.
¿Me sentí acosada? Tuve momentos incómodos. Comentarios que sobraban. Miradas que pesaban. Pero también los he tenido en Italia, en Francia y en España. La diferencia es que nadie me pregunta si tuve miedo en París.
Y al mismo tiempo, Marruecos me dio momentos mágicos. Amanecer en el desierto de Merzouga. Perderme en la medina de Fez (literal y metafóricamente). Cenar en una terraza en Chefchaouen viendo ponerse el sol sobre los tejados azules. La amabilidad de la gente en las zonas rurales, donde el turismo todavía no lo ha cambiado todo.
Marruecos no es fácil, pero es profundamente enriquecedor si vas preparada.
Consejos prácticos para Marruecos
- Vestimenta: Cubre hombros y rodillas, especialmente en medinas y zonas no turísticas. En Marrakech y zonas turísticas hay más flexibilidad, pero la discreción siempre ayuda.
- Regateo: Todo se negocia. Empieza ofreciendo un tercio del precio inicial.
- Transporte: Los trenes entre ciudades grandes son cómodos y puntuales. Para moverte dentro de las ciudades, los petit taxis son baratos.
- Guías no oficiales: En las medinas se acercarán personas ofreciéndote guiarte. Un “no, gracias” firme y amable suele funcionar. Si quieres guía, contrata uno oficial.
- Seguridad: Las zonas turísticas son seguras. Evita callejones oscuros de noche (como harías en cualquier ciudad del mundo).
Lo que aprendí viajando sola a países musulmanes
Después de Kuwait, Omán, Azerbaiyán, Dubái, Abu Dabi y Marruecos, hay cosas que tengo claras:
1. El miedo viene de la desinformación, no de la experiencia
La mayoría de la gente que me dice “yo no iría” nunca ha ido. La mayoría de la gente que ha ido, quiere repetir. Eso lo dice todo.
2. La hospitalidad en estos países es de otro nivel
No sé cómo explicarlo sin que suene a tópico, pero es real. La cultura de recibir al extranjero como un invitado de honor es algo que en Europa hemos perdido. En estos países está muy vivo.
3. Adaptarse no es someterse
Me cubro los hombros en una mezquita como me los cubro en una catedral. No es sumisión, es respeto. Y ese respeto siempre vuelve multiplicado.
4. Cada país es un universo
Si alguien te dice “los países musulmanes son así”, desconfía. Es como decir “los países europeos son así”. No tiene ningún sentido. Investiga cada destino por separado.
5. Viajar sola es un acto de libertad, no de valentía
No soy valiente por ir sola a Azerbaiyán. Soy libre. Y esa libertad me ha dado más que cualquier viaje organizado.
¿Se lo recomendarías a cualquier mujer?
Me hacen esta pregunta siempre. Y mi respuesta es: le recomendaría a cualquier mujer que viaje donde quiera, pero informada.
No se trata de ir a lo loco. Se trata de investigar, de respetar la cultura local, de llevar los básicos de seguridad (como compartir tu ubicación con alguien, tener los números de emergencia, viajar siempre con seguro de viaje) y de confiar en tu instinto. Esto último es básico.
Eso aplica para Kuwait, para Omán y para cualquier ciudad de Europa.
El mundo no es tan peligroso como nos lo pintan. Pero sí es tan maravilloso como lo imaginamos.